jueves, 14 de diciembre de 2017

UPYD TIENE QUE MOJARSE EL 21-D

Supongo que ya les habrá llegado la broma sobre lo problemáticos que prometen ser los días del 21 al 25 de diciembre para el común de los españoles:
    21-D elecciones autonómicas en Cataluña,
    22-D lotería de Navidad,
    23-D partido Real Madrid-Barça,
    24-D cena con parte de la familia,
    25-D comida con la otra parte...
En fin, que durante cinco días parece que va a ser difícil no llevarse algún pequeño disgusto o tener alguna pequeña bronca. Del fútbol y la lotería se puede pasar, pero de la familia y del 21-D conviene no hacerlo.
Por segunda vez durante los 10 años que llevo afiliado a UPYD, mi partido no se presenta a unas elecciones autonómicas catalanas. Tampoco se presentó, contra mi criterio, en las últimas elecciones autonómicas vascas que se han celebrado.
Es evidente que las del 21-D son unas elecciones excepcionales: por el colapso de un nacionalismo desenfrenado durante décadas, por su convocatoria al amparo del artículo 155 de la Constitución Española, por la división (por fin manifiesta) de la sociedad catalana generada por el nacionalismo y, sobre todo, por la posibilidad de empezar a cambiar las cosas en Cataluña.
Si uno piensa que nadie es mejor que otro por el lugar en que ha nacido, ni que los impuestos que paga le deben revertir fundamentalmente a sí mismo, ni que el uso de una lengua deba imponerse, ni cree formar parte de un colectivo humano cuyo vínculo fundamental entre sus miembros procede de sus tradiciones y su lengua materna, que además les vincula con las generaciones pasadas y futuras constituyendo un ente abstracto de límites mal definidos pero que transita por la historia llamado a un destino mejor... En fin, si uno no es nacionalista, la verdad es que tiene pocas opciones a las que votar el 21-D.
En esta tesitura conviene empezar por dejar claro que el PSC no es un partido constitucionalista. El PSOE, que sí es un partido constitucionalista, no existe en Cataluña. Tampoco tiene un socio, ni un primo lejano, ni desde luego un partido hermano. El PSOE tiene un parásito en Cataluña cuya marca electoral por sistema consigue peores resultados en las autonómicas que los que consigue la marca nacional en las elecciones generales. En el origen del procés está la genial idea de Zapatero y Maragall de jugar a ser más nacionalistas que los nacionalistas, con un nuevo Estatut que no ha servido para nada más que crear problemas. Nadie prefiere la copia al original. Y aunque sea agua pasada, no debemos olvidar que pasó. Ni que por entonces Iceta era portavoz del PSC en el Parlament y su viceprimer secretario.
El PP hace tiempo que renunció a Cataluña. Y claro, pasar cada cierto tiempo a intentar recoger votos no les funciona salvo con algunos despistados. Eran felices en el enjuague con CiU, como lo son con el PNV y el cuponazo vasco (el cupo es más una lotería que un cálculo matemático). Y parece que siguen pensando que el nacionalismo se cura con dinero.
Ciudadanos es, hoy por hoy, la única opción posible para que las cosas empiecen a cambiar en Cataluña. Pese a sus contradicciones y ambivalencias (como su posición respecto al cupo vasco antes de las últimas elecciones vascas; nada que ver con lo que dicen hoy), representa la única alternativa real para reconstruir lo que el nacionalismo ha arrasado en Cataluña y recuperar la convivencia.
UPYD, aunque no se presente a las elecciones, tiene una responsabilidad para movilizar a sus afiliados y simpatizantes en un día tan decisivo. Un día en que, todas las encuestas coinciden, la participación de los votantes va a ser clave. El Consejo de Dirección de UPYD ha decidido que no nos presentemos el 21-D, pero nuestros afiliados y simpatizantes en Cataluña sí deberían ir a votar. Para seguir siendo útiles UPYD tiene que mojarse, como hemos hecho siempre.
UPYD debe pedir el voto para Ciudadanos el 21-D. Ciudadanos ya pidió el voto para UPYD una vez, y nos les ha ido mal desde entonces. Toca devolver el favor.
Para algunos compañeros de UPYD resultará incómodo reconocerlo, y lamento que haya a quien no le guste leer esto. Pero es lo que hay. Y obviarlo renunciando a hacer política en un momento clave para la historia de España sería un grave error.

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